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Calaveritas de Secundaria

 

Escritas por Miss Naneth Búrquez So

Maestra de Secundaria CAP

Noviembre de 2016

calaveritas-literariasYa se acerca el Día de Muertos,

La Huesuda llegará;

viene a ver a los maestros

pa’ elegir quién se nos va.

Justo llegando al CAP

se encontró con Ms. Lorenia:

“Hola güera, ¿Cómo estás?”,

le preguntó muy risueña.

“He venido por ustedes,

así que corre mientras puedes;

esta vez no se me escapan

ni los que lleguen de Uruapan.”

Muy seria, la chaparrita,

la vio de pies a cabeza;

“Espera tantito, Flaca”,

le rogaba con destreza;

“hoy ando muy estresada…

con tanto formato nuevo,

me tienen atarantada”.

En eso sale Alejandra

corriendo de la oficina:

“A mí no me llevas, Parca,

pues ando muy ocupada;

si vas pal’ segundo piso,

seguro sales cargada”.

La Catrina, muy ufana,

se metió a la Recepción

donde Liz ya la esperaba

con la hoja de inscripción:

“Bienvenida, Copetona;

me sorprende tu visita,

yo soy nueva en esta área”,

le decía agachadita.

“¿Cómo estás, morena mía?”,

le preguntó muy burlesca;

“¿Ya estás lista para irnos

en cuanto el día anochezca?”.

Liz se soltó llorando

al escuchar a la impía

y La Muerte, sin pensarlo,

la agarró mientras corría.

La Dientona oyó a lo lejos

que alguien estaba cantando;

se asomó por el pasillo

pa’ ver qué estaba pasando.

Se encontró con María Julia

cantando a todo pulmón

y sin que se diera cuenta,

se la llevó al panteón.

La Muerte se preparaba

pa’ subir al segundo piso,

cuando llegó la Ms. Villa

a darles el nuevo aviso.

“¿Qué pasa contigo, chula?

¿Porqué no traes uniforme?

Te voy a dar un reporte

aunque mucho me rezongues.”

La Flaca la contempló

para entender lo que oía,

eso nada le gustó

y gritó una grosería.

“¿Qué pasa contigo, Parca?

¡No me faltes al respeto!

¡Que aquí las reglas se cumplen,

se cumplen al cien por ciento!”.

La Muerte se carcajeó

y la cubrió con su manto;

ella ni cuenta se dio

de que iría al camposanto.

Caminando por la cancha

se encontró al maestro Carlos;

no sabía que ahí andaba

y que pronto se acercaba…

sin darle tiempo de nada,

se lo llevó La Chorreada.

 

Christian la vio de lejos

y quedó petrificado;

imitando a los cangrejos

salió por el otro lado.

Mr. Larios, ofuscado,

salió del laboratorio;

La Tilica, coquetona,

le anunció su repertorio:

“Le puedo ayudar, maestro;

yo tengo la solución.

Cualquier problema que tenga,

lo resuelve en el panteón.”

Caminando, La Pelona,

encontró a Mr. Estrada;

el maestro se dio cuenta

de que andaba acelerada.

“¡Qué gusto verla, señora;

no la quiero retrasar.

Espero que me comprenda…

¡No la quiero acompañar!”.

“Este año no se escapa.

Un paseo vamos a dar;

que de esta linda Flaca,

nadie lo puede librar.”

La Muerte seguía buscando

a los “profes” que faltaban,

pues quería asegurarse

que ninguno escapara.

En uno de los salones

halló a los maestros de “mate”;

estaban reunidos todos

disfrutando un chocolate.

“Bienvenida, ineludible”,

le dijo Mr. Del Toro,

“aunque le sea imposible,

no me lleve; se lo imploro”.

Molesta, La Flaca estaba

viendo atenta el pintarrón,

Ms. Lupita le enseñaba

a despejar la ecuación.

Ms. Jadiya, preocupada,

le asignó varias tareas

y La Muerte, ya enojada,

nunca quiso resolverlas.

“No te enojes, indeseada”,

le dijo Ms. Rochín,

“ya te veo muy ajetreada…

¡Y esto no tiene fin!”.

Aclarando la garganta

comenzó a dar su lección,

y alterada, La Tilica,

dio tres brincos de emoción.

“Me llevaré a estos cuatro,

aquí no se pueden quedar,

pues allá en el cementerio,

muchos los van a ocupar.”

Con su alegre y gran sonrisa,

Ms. Marlene ya la esperaba:

“¿Cómo estás, Siriqui Siaca?

Este año te extrañaba.

Ya estoy lista para el viaje,

aquí traigo mi pasaje”;

y La Muerte, sin dudarlo,

la agarró sin equipaje.

Isidro y Noé la vieron,

pues ya se iba acercando;

y los dos palidecieron

como tablet color blanco.

Ni tarda ni perezosa

La Muerte rápido actuó;

metiéndolos en su saco

a los dos se los llevó.

¡Pobre Ms. Maribel!

La Flaca vino a buscarla

volando sobre un petrel;

la halló leyendo en el aula

y apoyada en el dintel,

intentaba no asustarla.

La Parca le dijo al oído:

“Hoy tendremos tu velorio”,

y con el ceño fruncido

la encaminó al Purgatorio.

La Tilica, larga y flaca,

transitó por los salones;

no perdonó que le dieran

bajas calificaciones.

“¿Dónde está la Ms. Cristina?,

que me la voy a llevar;

aunque corra a la oficina,

¡de esta no se va a escapar!”.

“Pérame tantito, mija,

que me encuentro hoy estresada;

ve con Bernardo un ratito”,

le dijo despreocupada.

El profe Bernardo estaba

revisando un cuadernillo

y La Muerte lo esperaba

pa’ echárselo en el bolsillo.

Mr. Bustamante serio,

pasaba calificaciones;

llegó La Calaca y le dijo:

“Te hacen falta estas lecciones”.

“No me apures, desdentada,

que no puedo terminar”

y La Negra, ya asombrada,

se lo tuvo que cargar.

La Parca encontró a Miss Brenda,

con ella se puso a charlar;

la maestra, muy astuta,

su muerte logró esquivar.

La Calaca, por la puerta,

sigilosa se asomó

y en el Salón de Maestros

a Mr. Pacheco asustó.

A Miss Maricela, La Muerte,

se la quería llevar

diciéndole que la suerte

no la iba a acompañar.

“Discúlpeme, malquerida;

aunque me siento halagada,

hoy no puedo acompañarte”,

le dijo muy educada.

La Muerte, muy enojada,

revisaba su libreta

y repetía apenada

que no sabía usar tableta.

Mr. Félix se enteró

de que requería ayuda;

rapidito se apuntó

pa’ ayudar a La Mechuda.

“Muchas gracias, buen maestro;

usted me puso a pensar

y como lo quiero al momento,

me lo tengo que llevar.”

La Parca andaba buscando

un buen salón de belleza;

Ms. Gina la estaba esperando

para darle una sorpresa:

“El día de hoy, Tilica,

estamos al dos por uno;

trae tu cupón de descuento

justo antes del ayuno.”

A Guy lo encontró apurado

recogiendo sus cuadernos…

sabía que se habían llevado

a muchos de sus alternos.

“Lo tengo ya aquí en mi lista,

ya lo puse en mi inventario”;

y La Muerte, sinvergüenza,

se lo entregó a su corsario.

Ya casi pa’ retirarse

checó de nuevo su lista:

había espacios faltantes

y le fallaba la vista.

Se encontró con Mr. Tapia

trabajando en el jardín,

había estado ocupado

dando abono a su jazmín.

Doña Calaca, muy guapa,

picarona le sonrió

y al taparlo con su capa

a la tumba lo llevó.

Antes de ir a su morada,

se encontró con la Miss Sara:

“¡Hola, flaca! ¿Cómo estás?

¿Ya estás lista? ¿Ya te vas?

He andado muy ocupada

y no te puedo atender;

pero si te canalizan,

algo podremos hacer”.

Con su mirada de espanto

y aguantándose la risa,

se va La Muerte cantando

satisfecha, ya sin prisa.

Con la mano en la cintura

sale feliz del Colegio

va con su bolso lleno

caminando disparejo.

Con mucho cariño Miss Búrquez J

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