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Home | Contact Us | Wednesday, January 26, 2022

¿De dónde viene la celebración del día de muertos?

Aportación de: L.E. Gabriela Fimbres N., Subdirectora Académica   

Esta tradición mexicana viene desde nuestros antepasados. Dentro de las costumbres Aztecas, al fallecer una persona, le doblaban las piernas en posición de sentado, afirmaban brazos y piernas atándolos firmemente y en un lienzo acabado de tejer colocaban el cuerpo al cual le ponían en la boca una bella pieza de jade que era el símbolo de su corazón.  La persona tendría que dar el jade a los dioses en su camino a Mictlán, la residencia de los muertos, enseguida cosían el lienzo con el cadáver dentro y ataban encima un petate.

En una gran plaza alejada a propósito, preparaban una pira funeraria y situaban encima el cadáver rodeado de las cosas que poseyera en vida: su escudo, espada, etc. La viuda, la hermana o la madre preparaban tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no le faltara nada y después prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con el jade.

Los Aztecas creían ser inmortales y la muerte no era más que una forma nueva de vida. En el mundo Azteca del más allá había 13 cielos y 9 infiernos. Cada persona que moría, iba a dar a un mas allá de acuerdo con la ocupación que hubiera tenido en vida.

Cuando las almas llegaban al séptimo infierno, como prenda de buena conducta debían dejar la pieza de jade que los vivos habían puesto en su boca. Al terminar el viaje, quedaban situados en el noveno infierno.

En la época precolombina se conocía el altar de muertos con el nombre de TZOMPAMTLI, celebraban este día a la diosa COATLICUE (la madre de los dioses), la diosa que todo lo hace y lo deshace.

Preparaban un altar en forma de pirámide el cual era cubierto con papel teñido de diferentes colores; en la primera parte colocaban una imagen de ella, en el segundo nivel ponían comida, flores y velas acompañadas con un incensario (copal). El tercer nivel lo decoraban con velas y flores en el piso haciendo un camino de follaje, el cual se adornaba con flores y velas en las orillas.

Con la llegada de los españoles, llega el cristianismo. Esta doctrina señala al individuo como un ser integrado de cuerpo y alma, por lo que los altares u ofrendas eran de elementos de esta nueva religión como: santos, Cristo, cruces y algunas frutas que no existían en América.

Ahora el altar es una combinación de la cultura mexicana con la europea.

 

 

 

 

 

 

 

Lugares donde la tradición se conserva tal cual…

En la ceremonia de la ofrenda a los difuntos, en el cementerio de la isla de Janitzio en el lago de Pátzcuaro, del estado de Michoacán, México , la tradición del “Día de Muertos” se ha conservado en todo su vigor.

A las seis de la tarde del día primero de noviembre de cada año, comienza a oírse el toque de muertos y con intervalos de medio minuto la campana sigue doblando hasta la madrugada.

Poco antes de la media noche las familias de la isla salen de sus casas rumbo al cementerio de la cercana ciudad de Pátzcuaro, las personas se dirigen a la isla en sus canoas que semejan mariposas y que a la luz de miles de velas se antoja como un cuento. Los hombres embozados en sus sarapes, las mujeres ataviadas con sus mejores ropas y joyas más vistosas.

Para iluminar el camino cada grupo prende velas, la isla adquiere un aspecto fantástico, con millares de lucecitas, masas de sombras caminantes y el lento e interminable doblar de las campanas.

Los grupos se dirigen a las tumbas de sus familiares, las adornan con guirnaldas de flores, colocan ahí las bateas (charolas de madera) y los platones cargados de comida y frutas y prenden todas las velas que les sea posible.

A la media noche las mujeres se arrodillan ante las tumbas, los hombres entonan alabanzas fúnebres a los muertos, de cuando en cuando las mujeres cortan los pétalos a las flores de cempasúchil llevadas especialmente para ese objeto y riegan los pétalos sobre las tumbas. Así transcurren las horas hasta el amanecer.

Junto al cementerio, en el atrio de la parroquia se celebra una ceremonia, en ese lugar se reúnen las familias que no tienen muertos o cuyos deudos tienen más de tres años de enterrados.

No llevan ramos ni flores, solamente velas y sus bateas con ofrendas, allí permanecen mudos a lo largo de toda la noche.

Esta costumbre tiene su concepción desde la época prehispánica según la cual, el muerto tenía que hacer un largo viaje que duraría tres años para llegar a Mictlán, lugar donde se establecería para siempre, por ese motivo consideran que al llegar el difunto al final de su viaje, ya no necesita que lo velen en el camposanto y solamente rezan por él en la iglesia.

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